
Nos obsesionamos con el inicio de las cosas —ese entusiasmo, esa energía, esa promesa de lo nuevo— y olvidamos la importancia de las formas para terminar una historia.
Saber poner ese punto final es, quizás, la mayor muestra de gratitud y conciencia hacia uno mismo. Algunas historias quedarán en el olvido, otras servirán de motivación y, solo unas pocas, se mantendrán presentes para recordarnos lo afortunados que somos.
Hasta la próxima línea.