Al recuperarnos de una congestión nasal se produce un cambio perceptible en la vibración del cuerpo. Los sentidos aletargados —el gusto, el oído y especialmente el olfato— se reactivan con una claridad sorprendente, desbloqueando recuerdos que habían quedado en el olvido.
No solo recordamos de manera autobiográfica; también somos capaces de sentir que volvemos temporalmente a la atmósfera emocional de nuestros primeros años de vida.
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